La boda de Andrea y Willy

Andrea y Guillermo se conocieron en Valladolid. Lo suyo fue un flechazo a primera vista y, como sucede en estos casos, desde ese momento, se hicieron inseparables.

¿Qué pasa cuando te das cuenta enseguida de que has encontrado a tu compañero de viaje?

Que ya nunca más quieres viajar solo. Y eso fue lo que le pasó a Willy; le pidió matrimonio a Andrea menos de un año después de conocerse y ella no dudó en decir que sí.

Pensaron y miraron; pero en cuanto conocieron la Posada Real del Pinar en Pozal de Gallinas, y la iglesia cercana de Santa María en Olmedo, supieron que esos eran los lugares en los que compartir y celebrar su amor, y su boda, con todos sus seres queridos.

Una vez elegida la papelería y las invitaciones de ByinDesign, todo estaba preparado para el gran día. Y 24 horas antes de la boda, Willy quiso a sorprender a Andrea con un precioso ramo de flores acompañado de unas palabras igual de preciosas.

Su enlace fue espectacular y plagado de detalles y momentos únicos. Nacho Ferreras, amigo inseparable de Andrea y wedding planner de Estudio Alfer, ayudó a que el día fuese perfecto e inolvidable tanto para ellos, como para el resto de asistentes.

Andrea llevaba un maravilloso vestido de Pronovias que realzaba su figura y que puso a la venta en nuestro market. Lo acompañó de una elegante mantilla de La Parisien y zapatos rosa empolvado de Pedro Miralles. El ramo de novia, en tonos blancos y azules, fue obra de Flores Mary.

El novio apareció impecable con chaqué, camisa y tirantes de Hackett y chaleco de Álvaro Iglesias de City Hall Valladolid. La corbata era de Loewe, los zapatos de Bow Tie, y el reloj (regalo de pedida de Andrea) un Rolex GMT Master II bicolor.

La ceremonia religiosa tuvo lugar en la iglesia de Santa María de Olmedo, en un entorno emblemático y privilegiado, al que la novia llegó en un flamante Bentley de dos colores.

Andrea llevó un precioso recogido bajo realizado por D’Blanco Estilistas, que más tarde soltó para lucir su larga melena ondulada, coronada por una diadema blanca de Pronovias; firma que vistió también a la madrina y a la madre de la novia.

El cóctel tuvo lugar en los maravillosos jardines de la finca, desde los que hicieron una entrada triunfal al banquete entre confeti de colores y pompas de jabón.

Durante la comida, ya como marido y mujer, quisieron sorprender a tres de las mujeres más importantes de sus vidas: regalaron un bouquet a sus madres y otro a la abuela del novio.

Después del banquete, Andrea se cambió de vestido y eligió un modelo más cómodo para el baile de la tienda Casaca de Valladolid, con cuñas de Carolina Camargo. Este look fue el protagonista de una de las anécdotas más curiosas de la celebración, ya que cuando Andrea iba a enfundarse en su estupendo segundo vestido…  No había estupendo segundo vestido en el que enfundarse. Por suerte, solo se habían olvidado de llevarlo a la habitación, y descansaba tranquilo, esperando su gran momento, en el coche.

A pesar de que la novia y su amiga Sara estaban dispuestas a seguir disfrutando de la fiesta hasta que todo se hubiese resuelto, se quedaron encerradas media hora en la habitación del hotel mientras su encantadora ayudante personal localizaba al dueño del coche, las llaves del mismo y el vestido. Por supuesto, el tiempo pone las cosas en su sitio; y lo que en ese momento fue un ataque de nervios, es hoy un recuerdo lleno de risas.

Vestida, por fin, para la ocasión, los novios bailaron “My heart will go on” de Celine Dion y “The Rose” de Bette Midler con los padrinos.

Durante la fiesta los novios obsequiaron a los invitados con alpargatas y fulares, un fotomatón en el que dejar constancia de un millón de momentos divertidos y una tarta con las caritas de los perros de los novios, que no pudieron estar en la boda, y que se colocó en el carrito de las chucherías.

Para que este día quedase inmortalizado para siempre, eligieron a la fotógrafa Patricia Grande y a Fernando, de Ariam Video, que fue el encargado de filmar todos los abrazos, las sonrisas y las lágrimas de felicidad.

Si os habéis quedado con ganas de un poquito más, os dejamos con un fragmento de uno de los muchos días felices que, seguro, van a compartir: